Lamentablemente, no podemos hablar de muchos epónimos que honren a mujeres dentro de la histología. No es porque el autor no quiera ni los haya buscado, simplemente son pocos y difíciles de encontrar. Lamentablemente, durante la mayor parte de la historia de la histología, fueron hombres quienes desarrollaron o descubrieron aquello que hoy se está contando.
El rol de las mujeres de ciencias fue largamente descartado o prohibido, o incluso ocultado detrás de un nombre masculino, ya sea real o inventado. Aunque el autor no encontró una fuente confiable que lo confirmara, a Virginia Woolf se le asigna la frase: «Durante la mayor parte de la historia, Anónimo fue el nombre de la mujer». Como reflejan estas palabras, en la ciencia como en el arte, las mujeres quedaron supeditadas mucho tiempo por el machismo de las sociedades.
Claudio Barbeito, profesor titular de la Cátedra de Histología y Embriología en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata, en el reciente libro Introducción a la Histología Veterinaria (editado junto a Mónica Diessler) dice:
“Lamentablemente, debe decirse investigadores únicamente; no encontramos datos de mujeres que hayan trascendido en esa etapa fundacional de la histología; el lugar de la mujer en la ciencia era muy limitado por entonces (en la mitad del siglo XIX, en la mayor parte del mundo, las mujeres no podían ni estudiar una carrera en la Universidad y algunas lo hacían fingiendo ser varones). La primera graduación de una mujer que se registra en las universidades argentinas es recién de 1885; pocas áreas tuvieron su Madame Curie” 1.
En la búsqueda de mujeres que hayan dejado su huella nominal en la histología, el autor ha encontrado un pequeño puñado de estructuras histológicas con epónimos de origen femenino. Recién cuando se extiende la búsqueda a los epónimos de las Ciencias Médicas en general empezamos a encontrarnos con varias mujeres reconocidas, mayormente en enfermedades descubiertas por ellas. “Las mujeres que nacieron en el siglo XIX e incluso en las primeras décadas del siglo XX debieron luchar contra prejuicios, contra estructuras sociales y a veces hasta contra legislaciones vigentes, para desarrollar su tarea” 2.
La web whonamedit.com cuenta sólo con 144 epónimos relacionados a mujeres, el 4,14% de todo el catálogo 3, lo que demuestra el desbalance existente desde siempre en las disciplinas médicas.
Por otra parte, la recopilación de LITFL – Life in the FastLane 4 declara 3504 epónimos, donde sólo el 4% corresponden a mujeres (130), incluyendo en su mayor parte síndromes y enfermedades. Sólo 4 son científicas con trabajos en histología. Claramente hay una subrepresentación de las mujeres en la ciencia 5.
Con un total de 156 términos, las mujeres poseen un promedio de 1,2 términos por autora, mientras que en el caso de los hombres el promedio sube hasta 2,2. A su vez, existe una gran diferencia temporal considerable entre el año de publicación del término, siendo 1972 para mujeres y 1891 para hombres, coincidiendo esta última fecha con un destacado pico en la generación de términos epónimos 5.
En whonamedit.com se recogen sólo 26 nombres argentinos. De estos, ninguno corresponde a alguna estructura histológica, sino a signos, síndromes o enfermedades, y no le sorprenderá saber que ninguno corresponde a alguna mujer. Volvemos a ver una y otra vez el desbalance que existe en la ciencia.
Pioneras de la histología
Como ya se adelantó, poco material menciona mujeres en la historia de la histología. Según revela Tucker 6, la colección de epónimos anatómicos de Dobson de 1962 carecía casi por completo de estructuras nombradas en honor a mujeres. De las casi 800 biografías que presentaba, sólo 3 eran de mujeres anatomistas: Raissa Nitabuch, Seraphima Schachowa y Elisabeth H. Winterhalter 6.
Raissa Nitabuch (en ruso, Раиса Семеновна Нитабух, 1859–sin dato) fue una médica rusa que se especializó en el estudio de la placenta, el órgano temporal que se forma durante la gestación y permite una comunicación entre el feto y la madre. En su tesis doctoral de 1887 Kenntniss der menschlichen Placenta (Conocimiento de la placenta humana), describió por primera vez lo que posteriormente sería denominada como membrana de Nitabuch en su honor y detalló la circulación sanguínea de la placenta. Sorprendentemente, su tesis se realizó alrededor de sólo un útero, proveniente de una mujer con un embarazo de 6 meses que había muerto de meningitis tuberculosa. Sólo se conoce esta publicación de 39 páginas y 6 ilustraciones histológicas y se desconocen las razones por las cuales nunca publicó en una revista. A pesar de la calidad e importancia de su trabajo sobre la circulación placentaria, recién algunas décadas después fue recuperado y tenido en cuenta 4,7–9.

Seraphina Schachowa (1854–sin dato) fue una históloga rusa que dejó su marca en 1876 cuando describió un túbulo espiralado en la porción inicial de la nefrona, la unidad estructural y funcional de los riñones. A esta porción se la conoció como túbulo espiral de Schachowa. Hoy en día, esa porción no recibe esa denominación, sino que conforma parte de los túbulos contorneados proximales y el asa de Henle 4.
La tercera que aparecía en el breve listado anterior era Elizabeth Hermine Winterhalter (1856–1952), una médica y neuroanatomista del Reino de Baviera, parte de la actual Alemania. Como le fue negada la posibilidad de dar el examen para practicar la medicina por ser mujer, trabajó como asistente sin licencia de dos médicos que reconocían su capacidad y su injusta situación. Así, en 1895, fue la primera mujer cirujana en hacer una laparotomía en Alemania 4,6.

Utilizando la técnica de tinción de Golgi logró visualizar en 1896 neuronas en ovarios de mujeres, proponiendo la existencia de cierto control nervioso sobre los ciclos de este órgano reproductor femenino. Muchos pusieron en duda su descubrimiento, y otros intentaron replicarlo sin éxito. Recién en la década de 1990 se publicaron estudios sobre ovarios de primates en los que nuevamente fueron vistas estas neuronas. En su honor, a esto se lo llamó ganglio de Winterhalter. Más allá de su reconocida práctica médica, Winterhalter también es recordada por su rol como líder del movimiento feminista de la época 4,6.
- Barbeito, C. G. Introducción a la histología. in Introducción a la Histología Veterinaria (eds. Barbeito, C. G. & Diessler, M. E.) 11–20 (Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (EDULP), La Plata, AR, 2022).
- Barbeito, C. G. Pioneras. Revista Ciencias Morfológicas 15, (2013).
- Enersen, O. D. Who named it? dictionary of medical eponyms. http://www.whonamedit.com http://www.whonamedit.com/ (1994).
- Eponymictionary. LITFL – Life in the FastLane https://litfl.com/eponymictionary/.
- Stuart-Smith, J., Scott, K. & Johnston, M. Where Are All the Women? LITFL – Life in the FastLane https://litfl.com/where-are-all-the-women/.
- Tucker, R. P. Elisabeth H. Winterhalter (1856-1952): the pioneer and her eponymous ovarian ganglion. J. Hist. Neurosci. 22, 191–7 (2013).
- Schneider, H. & Moser, R. W. Classics revisited. Raissa Nitabuch, on the uteroplacental circulation and the fibrinous membrane. Placenta 40, 34–9 (2016).
- Pijnenborg, R. & Vercruysse, L. Shifting Concepts of the Fetal–Maternal Interface: A Historical Perspective. Placenta 29, 20–25 (2008).
- Khasanov, A., Orlov, Y. & Kuptsova, A. The Contribution of R Nitabuch to the World Obstetric Science. Open Access Journal of Reproductive System and Sexual Disorders 2, 198–199 (2019).
Parte del trabajo final realizado para el Curso de Socialización para la Participación Ciudadana en el Desarrollo Científico-Tecnológico, Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, UBA.