Gametas y filosofía

Uno pensaría simplemente que las gametas poco tienen que ver con la filosofía. Sin embargo, cuando hacemos un paso hacia el uso de biotecnologías reproductivas, entramos en un campo donde la bioética demanda existir. Planteemos una mirada filosófica sobre este tema, particularmente sobre el artículo periodístico Miracle’ baby opens debate over possible use of centuries-old sperm, publicado por Rachel Hall en The Guardian el 28 de octubre de 2022.

Esta nota consiste en un reporte sobre el nacimiento de un bebé a partir de semen conservado en frío durante más de dos décadas y de un cambio en la legislación de Reino Unido que modificó el límite de tiempo que podrán mantenerse gametas conservadas, pasando a ser de 55 años, más del quíntuple de lo permitido hasta el 2022. Anteriormente, podían conservarse por hasta 10 años, excepto casos especiales.

El artículo de The Guardian utilizó la noticia del nacimiento de un bebé obtenido por inseminación con semen conservado desde 1996 (como precaución por un posible efecto de un tratamiento oncológico sobre la fertilidad del sujeto) para llamar la atención sobre el tema y los debates éticos que se abren en la sociedad, la ciencia y, particularmente, en torno a las decisiones políticas.

A partir de esta nota, es válido abordar dos interrogantes de los 22 introductorios a la filosofía de la ciencia planteados por Gregor Betz y David Lanius (2019). Por un lado, ¿la ciencia puede, o debe, estar libre de valores?; y, por otro, ¿los hallazgos empíricos pueden llegar a necesitar una decisión política? 

En cuanto a la primera pregunta, podemos comenzar a partir de lo que se plantea en el mismo capítulo de Betz y Lanius (2019): La ciencia (casi) nunca está libre de valores. Los valores se pueden dividir entre epistémicos (constitutivos de la ciencia, tales como adecuación empírica, simplicidad, comprobabilidad, consistencia inter-teórica, justificación y precisión) y no epistémicos (contextuales, como seguridad, sustentabilidad, igualdad, no-maleficencia, fiabilidad, prosperidad económica, bienestar, etc; es decir, son aspectos sociales, políticos, morales, culturales, estéticos, etc.) (McMullin, 1982).

Se suele postular que la ciencia debe estar libre de valores, centrada en una justificación científica no basada en valores no epistémicos, pero a este postulado se lo critica al considerar que los científicos emplean criterios morales. Esta es una discusión aún no saldada en el campo de la epistemología, con posturas a favor (argumentos por autonomía, democracia y veracidad) y en contra (argumentos semánticos y por riesgos inductivos) (Betz, 2013; Betz & Lanius, 2019). 

Sin embargo, podríamos asumir que el ideal de una ciencia libre de valores es irrealizable ya que la ciencia está inmersa en la sociedad, por tanto influenciada por valores de esta. La ciencia es sociedad y la sociedad es ciencia, sentencia Latour (2013). Además, “los juicios de valores no pueden ser enteramente eliminados del razonamiento científico” (Diekmann, 2013, p. 208). Por ejemplo, influyen en las decisiones de los proyectos, la manera en que se utiliza socialmente el conocimiento o en las limitaciones pragmáticas de los métodos de investigación (Diekmann, 2013).

Particularmente interesante para el caso del artículo de The Guardian son los valores no epistémicos, es decir aquellos que surgen a partir de cuestiones sociales, políticas, morales, etc., que no hacen al conocimiento científico pero sí terminan por tenerse en cuenta al momento de las tomas de decisiones y hasta modelan el quehacer de los científicos. En el artículo periodístico, se destaca, por ejemplo, que sería difícil que estudios sobre los riesgos de la conservación de gametas a largo plazo consigan financiamiento por lo que estos implicarían. Aquí veríamos el rol de aspectos económicos, sociales y morales.

En el mismo sentido, Knorr-Cetina (1996) propone que en el trabajo de laboratorio se presentan relaciones y actividades que van más allá de ese espacio físico, donde los científicos se involucran continuamente con el exterior. De esta manera, todo grupo de científicos interactúa con actores externos, científicos y no-científicos, que afectan las elecciones cognitivas y técnicas del grupo. Esto va de la mano con la crítica metodológica que se hace del ideal de ciencia libre de valores, ya que los científicos toman sus decisiones considerando criterios no epistémicos. Sin embargo, Betz (2017) propone que esto puede ser evitado a partir de la explicitación de las controversias y criterios no epistémicos.

Además, con el tiempo, se han intensificado las interacciones entre la ciencia, la tecnología y los temas sociales (Gibbons, 1997). Para nuestro caso en estudio, es clara la existencia de un tema social de fondo: El acceso a los derechos sexuales y reproductivos. Esta temática genera aún hoy ciertos cuestionamientos éticos en la sociedad, particularmente en sectores conservadores y ultrarreligiosos.

Betz y Lanius (2019) cierran su reflexión sobre esta primera pregunta remarcando la importancia de que los comunicadores de ciencia y tecnología conozcan los valores y nociones que subyacen a los avances científico-tecnológicos. Esto lo vemos reflejado en la nota de The Guardian, donde la periodista abre el cuestionamiento sobre diferentes puntos alrededor de la temática, como el límite de años que pueden conservarse las gametas establecido por la ley, y consulta con varios expertos al respecto. 

Además, en el artículo, Julian Savulescu, profesor de la Universidad de Oxford, alega que existe una obligación moral de generar el conocimiento alrededor de la conservación a largo plazo de gametas y adecuar las prácticas —y, por tanto, las leyes— según los resultados. En este sentido, parte de la comunidad científica alienta a un cambio de perspectiva y a considerar enfoques sensibles con el contexto (Diekmann, 2013).

Más aún, así como influyen sobre el quehacer científico, los valores no epistémicos pueden dar forma a decisiones políticas. En nuestro caso, las tecnologías de reproducción asistida proveen oportunidades a personas con problemas de fertilidad u otro impedimento para procrear y, siendo un derecho, los estados deberían proporcionar las herramientas para acercar estas oportunidades, por lo que deben tomar las decisiones políticas pertinentes. 

Teniendo en cuenta que los científicos y los comunicadores de ciencia y tecnología se relacionan con decisores políticos, podemos ver cómo pasamos a la siguiente pregunta sobre las decisiones políticas en relación a descubrimientos empíricos. Considerando que la ciencia es parte de la sociedad e influye sobre decisiones individuales y políticas, Retzbach y Maier (2014) sostienen que es necesario informar sobre beneficios, riesgos e incertidumbres de los desarrollos científicos en los medios de comunicación, ya que esto favorece la toma de decisiones informada y el mayor compromiso en debates públicos. A su vez, Betz y Lanius (2019) mencionan que las políticas frecuentemente son justificadas en conocimiento científico, a pesar de las diferencias entre ambos campos (los descubrimientos científicos son enunciados descriptivos, mientras que las recomendaciones políticas son enunciados normativos y prescriptivos). También dicen que, desde un punto de vista argumentativo, los descubrimientos científicos no necesitan de una decisión política específica, pero las medidas políticas suelen derivar de premisas normativas y descriptivas.

En temas que requieren conocimiento científico, los decisores políticos manifiestan una confianza en el sistema científico que produce los datos, basándose en la competencia de todo el sistema, no en investigaciones puntuales (Luhmann, 1973, citado por von Schomberg, 1993). El sistema científico cumple una función social porque la ciencia es considerada fuente de información confiable (von Schomberg, 1993). Pero la imagen de la ciencia como autoridad funcional no está libre de problemas, incertidumbres epistémicas. Las decisiones políticas se someten a estas incertidumbres epistémicas. von Schomberg (1993) dice que no necesariamente se vuelven públicas, pero que es probable que estas discusiones terminen teniendo consecuencias en la sociedad. Por tanto, las decisiones políticas requieren tanto de los aportes descriptivos de la ciencia como de los normativos de la política (Betz & Lanius, 2019).

El ideal postula la existencia de un consenso científico garante de la calidad de las políticas que se generen en torno a un tema científico-tecnológico (von Schomberg, 1993). Pero, en el caso de controversias, las diferencias entre expertos provocan dificultades para los decisores y la implementación de políticas (Martin & Richards, 1995). 

El público ya no considera que los científicos sean infalibles, sino que están al tanto de que sus consejos “desinteresados” podrían estar influenciados por los valores no epistémicos que mencionamos anteriormente (Martin & Richards, 1995). Mientras, se postula que enfoques integrales de las controversias eliminan la separación entre conocimiento científico-tecnológico y sus contextos políticos, y democratizan el debate al brindar oportunidades de participación pública en la toma de decisión (Martin & Richards, 1995).

Desde su refutación a la crítica metodológica, Betz (2013) sostiene que siempre es posible que el asesoramiento político científico sólo comunique ciertos hallazgos. A pesar de esto, considera que aún no está justificado el ideal libre de valores y que otras miradas críticas deben ser analizadas.

En el artículo de The Guardian, el profesor de andrología de la Universidad de Sheffield, Allan Pacey, sostiene que no hubo razón médica en el límite que impone la nueva ley. “El límite legal de 55 años no tiene relación con la duración del esperma o ninguna otra razón científica. Tiene más que ver con lo que los parlamentarios sintieron como correcto para la sociedad. Pero, ya que los espermatozoides congelados están efectivamente en animación suspendida, no veo por qué una vez congelados no podrían durar cientos de años si la ley lo permitiera”, dice Pacey.

Aquí podemos ver cómo se interrelacionan las dos preguntas que nos planteamos analizar. Por un lado, se observa claramente que existe una decisión política que debe tomarse para plasmar en una legislación que impactará en procedimientos de medicina reproductiva. Por otro lado, vemos que esta decisión de un límite establecido para la conservación de gametas se tomó a partir de valores no epistémicos, de nociones sociales, morales y/o culturales que subyacen a la sociedad toda, tanto políticos como médicos y científicos. No se conoce aún el máximo de tiempo que pueden conservarse las gametas sin perder su fertilidad o sufrir defectos, por lo que las decisiones políticas fueron y son tomadas a partir de cuestiones no epistémicas. Estas decisiones deben de ser tomadas, aun cuando los datos empíricos no son suficientes, en pos de generar bases formales, legales, claras y parejas para todos por igual.

Entre las decisiones políticas en torno a la conservación de gametas para procesos de reproducción asistida hay más interrogantes que sólo el tiempo límite de criopreservación. Se podrían sumar cuestiones como: El acceso a los procesos de reproducción asistida; cuántos y quiénes usarán cada célula congelada; si habrá un uso comercial de las gametas (por ejemplo, de personas reconocidas); la privacidad de la persona donante; el posible impacto sobre la salud por condiciones hereditarias; el posible impacto emocional de los hijos obtenidos en relación a discrepancias generacionales (edades muy diversas entre hijos o la obtención de hijos de progenitor fallecido); si se permitiría la selección genética; hasta cómo se financiará el mantenimiento de equipos e instalaciones; quién es dueño de las gametas conservadas; o qué pasaría con las gametas si una empresa presentara quiebra. Todo conlleva una carga que sobrepasa a las cuestiones científicas, pero estos interrogantes necesitan de decisiones políticas basadas en evidencia. 

Claramente, no hay ciencia sin política, sociedad y economía (Latour, 2013).


A partir del trabajo final escrito para la asignatura Epistemología, Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, UBA.

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