Publicación selectiva y su relación con el conflicto de interés

La estrategia de publicación selectiva en ciencia es un sesgo dado por la decisión de publicar o no según qué tan favorables para la industria son los resultados obtenidos en los ensayos clínicos. Desde el punto de vista de las empresas, un resultado negativo sobre la eficacia de un tratamiento en estudio representaría una mala prensa y un problema financiero en retro- y prospectiva. 

Turner et al. (2008) realizaron un metaanálisis sobre estudios de antidepresivos en Estados Unidos para evaluar si existía un conflicto entre los ensayos clínicos registrados en la Food and Drug Administration (FDA) y sus respectivos artículos publicados en revistas científicas. Los investigadores observaron claramente la presencia de un sesgo al momento de publicar en cuanto a los resultados positivos, ya que los estudios favorables tenían mayor probabilidad de ser publicados, y algunos con resultados no positivos habían sido reformulados para presentar algún tipo de efecto en favor de la droga a prueba. A su vez, la mayoría de los estudios con resultados negativos no fueron publicados. 

Sin embargo, es claro que en ciencia hay resultados positivos, negativos y toda una gama en medio, todo lo cual debería ser publicable, siempre que sea metodológicamente correcto. Turner et al. (2008) señalan, como limitante de su estudio, la falta de certeza en cuanto a si la no publicación de los ensayos negativos fue decisión de los investigadores, de las empresas sponsor, o de las revistas, ya sea por parte de los editores o los revisores de estas.

Este sesgo en selectividad de los resultados es un claro tipo de conflicto de interés. Se observa claramente en investigaciones en relación a industrias farmacéuticas, donde grandes empresas con capitales extraordinarios persiguen intereses económicos por sobre el objetivo primordial que debería ser el aportar soluciones medicamentosas a la sociedad. Como menciona Vara (2007), la ciencia estadounidense tiene una profunda participación de fondos privados y, a su vez, presencia en bolsa, todo lo cual vuelve a científicos y empresas aún más reticentes a publicar estudios con resultados que no hagan al objetivo económico. Además, las empresas farmacéuticas lograron controlar el diseño de los estudios clínicos al tercerizar los ensayos mediante centros privados y la realización en países en desarrollo (Vara, 2007). 

Así, se evalúa la publicación o no de cada estudio dependiendo del beneficio para la empresa productora de la droga y, generalmente, financiadora de los ensayos. Vara (2007) menciona que, “comparados con las investigaciones realizadas con fondos públicos, los estudios financiados por la industria tienen una frecuencia de publicación más baja y una probabilidad cuatro veces mayor de obtener resultados favorables al producto del sponsor (p. 194). Por ende, “queda en evidencia una asociación significativa entre la financiación de la industria y conclusiones pro-industria” (Bekelman et al., 2003, p. 454; como se citó en Vara, 2007).

Estado de publicación de estudios de antidepresivos registrados ante la FDA donde se observa que el 31% de los estudios no fueron publicados y 15% tiene conflictos entre resultados registrados en FDA y los publicados (Datos de Turner et al., 2008).

La estrategia de publicación selectiva presenta varios problemas para la ciencia. Claramente, uno es que no se estaría produciendo conocimiento verificable o confiable. A su vez, representa un despilfarro de recursos económicos, tecnológicos y humanos (tanto investigadores como sujetos de estudio), y se incentiva un posicionamiento de cuestionamiento y desprestigio hacia la ciencia por parte de la sociedad general. Por otra parte, se podría asumir que se está poniendo en riesgo la vida de los pacientes a quienes se les receta una determinada droga con una supuesta eficacia. «La publicación selectiva de ensayos clínicos, y los resultados de estos ensayos, puede llevar a estimaciones irreales de la efectividad de una droga y alterar la relación aparente de riesgo-beneficio» (Whittington et al., 2004, Kyzas et al., 2005, como se citó en Turner et al., 2008) . En el caso de Turner et al. (2008), los autores resaltan cómo la selectividad provoca una alteración en la percepción de eficacia en beneficio de los antidepresivos: «(…) la eficacia de esta clase de drogas es menor que aquella que podría resultar de la examinación sólo de la literatura publicada» (Turner et al., 2008, p. 256).

El artículo de Turner et al. (2008) cierra sus conclusiones de la siguiente manera: «Al alterar la relación aparente de riesgo-beneficio de drogas, la publicación selectiva puede conducir a médicos a tomar decisiones de prescripción erróneas que no serían beneficiosas para sus pacientes y, así, la salud pública» (Turner et al, 2008, p. 259). Notamos que se añade a la salud pública como damnificada, ya que una mala prescripción puede llevar a diferentes problemas más allá del paciente en particular —por ejemplo, considerando otros tipos de fármacos también, reacciones adversas y/o refractariedad a tratamientos medicamentosos, desarrollo de resistencia antimicrobiana, o contaminación ambiental con efecto sobre especies silvestres, etc.

En una más reciente actualización de su metaanálisis, Turner et al. (2022) volvieron a encontrar problemas con la publicación selectiva de ensayos sobre antidepresivos. Sin embargo, destacaron que en los últimos años habría mejorado la situación: «Es más probable que los ensayos clínicos de antidepresivos, especialmente aquellos considerados negativos por la FDA, sean publicados transparentemente que lo que fuera anteriormente» (Turner et al., 2022, p. 12). Finalmente, los autores asumen que esta mejora podría deberse a cambios culturales y políticos, pero que se necesita continuar en ese camino. «Son necesarios más esfuerzos y vigilancia para mantener y desarrollar estas mejoras» (Turner et al., 2022, p. 15).



Escrito para el curso Perspectiva crítica sobre la producción y circulación de conocimiento, Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, UBA.

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