El 2020 nos marcó la vida. Ese año en que un virus se convirtió en pandemia nos modificó la manera de vivir, trabajar y estudiar.
Decretado el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en Argentina, dos marzos atrás, los establecimientos educativos de todos los niveles cerraron sus puertas, y los estudiantes de todas las edades no volvieron a estos por meses. Las escuelas hicieron un regreso gradual, por burbujas y otros protocolos. En las universidades, recién en 2021 se comenzaron a realizar actividades prácticas de algunos cursos, pilares fundamentales de carreras como veterinaria, y algunos exámenes finales de manera presencial; todo sujeto a protocolos, capacidad de los espacios, vacunación, etc.
A finales de 2021, la UNICEN dispuso el regreso pleno a las aulas para el ciclo lectivo 2022, confirmado por la Resolución 601/22 de adhesión a los lineamientos establecidos desde la Provincia de Buenos Aires. Asimismo, hizo un llamado a todos los claustros a completar los esquemas de vacunación.
Y acá estamos, a finales de marzo, comenzando las primeras cursadas presenciales post-pandemia (esto es un eufemismo, ya que aún continúa, por más que la vida requiera seguir, adaptarse).
La primera clase después de dos años de virtualidad completa me toca mañana, como docente colaborador en el curso de Genética de tercer año de veterinaria. La mayoría de estos alumnos sólo tuvieron un mes y medio de clases presenciales a principio de 2020, cuando hicieron el primer curso de la carrera. No vivieron la vida universitaria durante los primeros dos años. No conocen los espacios ni a los docentes.
Nuestro laboratorio se encuentra en el centro del Campus Universitario de Tandil. El lunes, a través de sus ventanas, podía ver a centenares de estudiantes ir y venir, la gran mayoría perdidos buscando el aula donde cursaban, tratando de ubicar su facultad o descifrar las numeraciones de las aulas comunes. Hasta nuestra puerta llegaron dos veces a preguntar dónde se cursaba; primero fue Química de la Lic. en Tecnología de los Alimentos y, más tarde, Ecología (de Veterinaria). Con el tiempo, ellos encontrarán todo, no sólo las aulas.
Con alcoholes, barbijos, ventilación y demases, las clases vuelven a ocupar los espacios de la UNICEN. Obviamente, además de alegría de volver al aula y al acercamiento con los estudiantes, este relanzamiento de las clases presenciales genera bastante ansiedad en todos.